TODO MADRID SOLO LEYENDAS ARGANZUELA



Los Reyes Católicos, allá por el año 1494, pasaron una larga estancia en Madrid. En uno de los muchos recorridos por la villa y corte, la reina sintió sed y fueron a pedir ayuda a una alfarería que estaba abierta – Señor- dijo Doña Isabel, - ¿podéis darme un poco de agua? El alfarero y dueño de la Alfarería era el tío Daganzo, u n buen hombre que se había quedado viudo al cargo de varios hijos.

- ¡Cómo no señora! Vos diréis quien deseáis quien sea quien os la traiga – La reina señaló a un joven de largos y morenos cabellos, ojos grandes y blanca tez- ¡Esa misma! -

-Sancha coge una alcantarilla y llénala de fresca agua - La muchacha salió y cuando regresó ofreció con tal gentileza el agua que Doña Isabel dijo a su escudero- Toma la vasija, llénala tres veces, después vierte el agua por el camino-




-Sancha. Coged y volvedme llena esa vasija tres veces con fino chorro vertedla mientras andáis, y el terreno que señala, dote sea que quiebre la pesadumbre de la gentil alfarera.

Y todo este terreno humedecido, paso a llamarse Darganzuela, que significaba “hija de Daganzo”, y con el tiempo se convertiría en el barrio de la Arganzuela.
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/d/d0/Ferdinand_of_Aragon%2C_Isabella_of_Castile.jpg/1200px-Ferdinand_of_Aragon%2C_Isabella_of_Castile.jp

ARENAL CALLE DEL NUMERO 13  LEYENDA


Al lado mismo de un edificio que ardió en la noche del 18 al 19 de diciembre de 1998 a las 2,30 de la madrugada, el Joy Eslava, se encuentra la iglesia de San Gines, que es una de las más antiguas de Madrid.
Estamos en el año 1353. Dos ladrones entran en el templo pasara llevarse todo lo que puedan: cálices, joyas y códices. 

Tan metidos en el asunto que les había traído a San Ginés que no se dieron cuenta que un anciano rezaba en un rinconcito
En cuanto se percataron de su presencia, se ensañaron con él. Lo que quedó de aquel pobre hombre estaba esparcido por el templo, presentando terribles signos de violencia y la cabeza separada del cuerpo
En días sucesivos, muchos madrileños se encontraron en la iglesia con la presencia de un ente sin cabeza que les perseguía con la intención de recordar el crimen sucedido.
Poco después, el Rey condenaba muerte a los asesinos. Pero aquel castigo no trajo la calma al decapitado fantasma, pues la situación se prolongaría en el tiempo llegando a nuestros días.
Los mendigos, los sintecho que pernoctan en la zona siguen contando que escuchan voces y se sienten observados por un cuerpo magullado sin cabeza.