DAVID VETTER EL NIÑO BURBUJA



Los padres del niño que cuando naciese el 21 de septiembre de 1971, en Texas, con el nombre de David Vetter, ya habían sido informados de que la vida de su hijo no sería una existencia normal

Unas pruebas realizadas a Carol, la madre, sacaron a la luz, que el pequeño padecía del síndrome de Inmunodeficiencia Combinada Severa las siglas en inglés SCID, una enfermedad que se llevó a otro de sus hijos con tan solo siete meses.

Los niños que sufren SCID nacen aparentemente bien. Sin embargo y tras pocos meses, los anticuerpos transferidos por la madre durante el embarazo comienzan a desaparecer

El SCID, es una enfermedad poco común en la que el sistema inmune es incapaz de fabricar linfocitos, que trabajen adecuadamente, ya que los linfocitos son las células que se encargan de la protección de nuestro organismo, de bacterias. de virus y de cualquier germen

Los linfocitos son las células encargadas de proteger a nuestro organismo de virus, bacterias y cualquier otro germen., ni que decir tiene que las personas que padecen del citado síndrome no tienen las necesarias defensas ante cualquier infección por muy leve que sea, pues esta puede ser mortal.

Después del fallecimiento de su hijo, Joseph y Carol, se habían planteado no tener más hijos, pero, tenían una hija sana, al final decidieron tener otro hijo, que, por desgracia, se le diagnóstico de SCID.

Doctores del Baylor Medical Center de Texas – John Montgomery, Mary Ann South y Raphael – propusieron criar al niño dentro de una burbuja estéril hasta que se encontrara una cura para su enfermedad. El proyecto y la investigación sería financiada por el estado.

Cuando nació, sin pasar por los brazos de su madre, fue rápidamente llevado a una gran burbuja de plástico. Su familia se las arregló para que fuera bautizado por un sacerdote con agua bendita esterilizada

Aquella cámara especial, tenía el aire esterilizado, donde se le aislaría todo lo que no hubiese sido controlado, desde ropa, hasta juguetes, libros y un largo etc. (o sea calentado durante cuatro horas a 60ºC, en una cámara de óxido de etileno para después airearlos durante un periodo de uno a siete días) antes de poder entrar en la burbuja de David.

A parte de que ni los padres ni personal sanitario, pudiesen tener un contacto normal con el bebé, los potentes compresores de aire, que emitían un tremendo ruido, permitían una buena comunicación con el niño, y dolo podían tocarle a través de unos guantes especiales en la pared de la cámara  

La burbuja se mantenía hinchada y estéril gracias a unos potentes compresores de aire, demasiado ruidosos como para permitir una buena comunicación con el niño. Los padres solo podían tocar a David a través de unos guantes especiales en la pared de la cámara.

Para David, su mundo se reducía a lo que dentro de aquella burbuja tenía. A pesar de aquellas dificultades, toda la persona que estaba en contacto con él trató de que su vida fuese lo más normal posible: tener una televisión y una sala de juego donde poder divertirse y una educación.

Cuando David contaba tres años, el equipo médico decidió construir otra burbuja en el hogar de los Vetter, para que el niño pudiese pasar allí, algunas temporadas, pero cuando cumplió los cuatro años y debido a una distracción de los médicos, estos se dejaron una jeringuilla dentro de la burbuja, el pequeño comenzó a hacer agujeros en la pared de su burbuja.


¿Cómo explicar a un niño con solo cuatro años que era lo que pasaba? ¿Cómo contarle que no podía salir de aquel habitáculo y que no podía hacer ciertas cosas?, pero así tuvo que ser. Imaginemos que esto nos ocurre a nosotros que somos adultos, lo mal que lo pasaríamos, así que, para un niño, mucho más

El equipo de psicólogos que el trataban, observaron con preocupación, que David cada día que pasaba se encontraba más deprimido y se irritaba con más facilidad, y máxime cuando comenzó a obsesionarse con, los gérmenes. Pronto empezó a sufrir frecuentes pesadillas, con un ser al que llamaba “el Rey de los gérmenes”

El caso de David, “el niño burbuja”, impresionó y conmovió, a la opinión pública estadounidense. En 1977 la mismísima NASA decidió tomar cartas en el asunto, para lo cual diseñó un traje especial para que el pequeño, pudiera salir, sin peligro.


Aunque el traje era bastante engorroso y estaba conectado a la cámara de David mediante un tubo, este pudo permitirse dar, sus primeros pasos por el jardín de la casa. No obstante, el miedo a los gérmenes, desde que tuvo uso de razón, fue más fuerte que el deseo de escapar de la burbuja, por lo que solo utilizó el traje en dos ocasiones.


Los médicos creyeron que la burbuja, no sería para siempre, solo hasta que se encontrase una cura para la enfermedad de David. Una inversión de más de un millón de dólares y todos los esfuerzos que se llevaron a cabo, fueron fructíferos.
Tampoco se localizaron donantes viables de médula ósea. 

Todo el mundo continuaba muy angustiado, de cómo sería la adolescencia de David, temiendo, que el chico sencillamente terminase explotando y se volviera impredecible. Él a medida que se hacía mayor, era cada vez más consciente de su, muy difícil situación





Las cosas cambiarían cuando el doctor al mando del proyecto se jubiló, su relevo, el Dr. Willian Shearer, propuso un tratamiento experimental de alto riesgo…realizar un trasplante de sangre de la médula ósea de Katherine, hermana de David, que los Vetter rechazaron. Pero David, quien ya tenía 12 años, manifestó su deseo de realizarlo, y estos terminaron aceptando. El niño se había cansado de su vida y su soledad. La operación se llevó a cabo en 1983  

De entrada, parecía que las cosas marchaban bien. Y así una pequeña luz de esperanza brilló para todos y David podría abandonar para siempre aquella prisión de plástico.  Sin embargo, unos meses después del trasplante, David enfermó  por primera vez y lo hizo de gravedad. Sufría vómitos, fiebre, diarrea y sangrado intestinal. Ante la gravedad de su estado, decidieron sacarle de la burbuja e ingresarlo en una habitación esterilizada del hospital.

David falleció a las dos semanas.  El diagnóstico, linfoma de Bukit; que es un tipo de leucemia que se produce por el virus de Epstein-Barr, uno de los virus más comunes en humanos. El virus está presente en todo el mundo y se estima que un 95% de los adultos de edades comprendidas entre 35 y 40 años han sido infectados en algún momento de su vida.  En países desarrollados, muchas personas no tienen contacto con EBV hasta la adolescencia

Los investigadores descubrieron trazas del virus en la sangre que habían trasplantado a David. Al menos la señora Vetter estuvo presente en los momentos finales  y  pudo acariciar por primera vez la mano de su hijo, aunque solo fuera para despedirse.

En el momento de su muerte, David contaba tan solo con 12 años.  Sin embargo, el sacrificio de David no fue en vano.
Los numerosos avances sobre el conocimiento del SCID y los protocolos para los niños burbuja y el trasplante de médula, han permitido que los pacientes, con dicha patología, puedan llevar hoy una vida normal.


Se trataba de , que, ante la imposibilidad de recibir un tratamiento adecuado en España, fue trasladado desde Bilbao a una clínica en Ulm, Alemania, el día 9 de mayo de 1984, regresando a Bilbao un año después

El Insalud, servicio de Salud del Gobierno Vasco, decidió financiar la operación del niño y la estancia de sus padres, cuyo coste casi llegó casi a los cien millones de pesetas. Por su parte, la población de Bilbao logró recaudar un millón de pesetas

La operación de trasplante de médula ósea de Benito Alonso, su padre fue considerada como un éxito por los médicos. La madre del pequeño, Lis Hurtado, permaneció siempre al lado de Rubén Iván.

El pequeño tiene una recaída dos meses después de ser sometido al trasplante, pero consiguió superarla, aunque tuvo que permanecer encerrado otros nueve meses en la burbuja protectora.

A partir de junio de 1985, Rubén Iván Alonso comienza una nueva vida, fuera de la burbuja, completamente curado y con varios kilos de más. Tenía que someterse, no obstante, a una serie de controles periódicos.

Regresa a Ulm – Alemania, donde fue sometido a un nuevo control que resultó ser el último. El estado del niño fue considerado por los médicos como positivo.
Pero el pequeño Rubén de tan solo tres años, conocido como “el niño burbuja, falleció en el Hospital Civil de Basurto el 13 de noviembre de 1986, dos años después de su trasplante de médula ósea.

Al jefe de Pediatría del Hospital de Cruces Lander de Zanguitu Ibarbia, que llevó su caso en Bilbao, tuve, junto con otro compañero,  la oportunidad de poder entrevistarle, en persona, el 6 de noviembre de 1988, en el programa de radio “Siempre en domingo”, que teníamos   Radio 2002 en Bilbao capital


Recabada información en

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